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Índice de Scripta Nova

 

Scripta Nova
REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona.
ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98
Vol. IX, núm. 194, 1 de agosto de 2005

 

 

VII Coloquio Internacional de Geocrítica

LOS AGENTES URBANOS Y LAS POLÍTICAS SOBRE LA CIUDAD

Santiago de Chile, 24-27 de mayo 2005.

¿NEOLIBERALISMO O CAPITALFEUDALISMO URBANO?
Reflexiones a partir de la cuestión urbana de Argentina
-
En homenaje a Andre Gunder-Frank -

Vicente Di Cione

Universidad Nacional de Tres de Febrero-Programa de Geografía Aplicada
Universidad de Buenos Aires-FFyL-Departamento de Geografía
vdicione@geoamerica.org
www.vdc.geoamerica.org

¿Neoliberalismo o Capitalfeudalismo urbano? (Resumen)

A partir del análisis de la urbanización de Argentina y la Región Metropolitana de Buenos Aires, nos proponemos destacar el carácter capitalfeudalista de la urbanización sostenida por la cultura neoliberal, al mismo tiempo que procuramos ver y analizar en sus intersticios las posibilidades de construcción de “nuevos espacios de esperanza” (D. Harvey). Las formas del desarrollo urbano connotan centralmente el conjunto de dispositivos materiales e inmateriales indispensables de la sociabilidad y la socialización ampliada de las sociedades, razón por la cual “lo urbano” y la cultura urbana, tanto en las ciudades como en el “campo”, son el centro de las intervenciones y objetivaciones de las confrontaciones políticas. Las formas de territorialización desiguales, combinadas y contradictorias de los agentes y agencias políticas son suficientemente elocuentes. El análisis de la sociabilidad y socialización en los diferentes “locales” y geografías de la interacción social, en general en las sociedades capitalistas, pone de manifiesto la coexistencia de una diversidad formas y paradigmas, destacándose el carácter notoriamente feudalizador de la cultura neoliberal centrada en la privatización de “lo urbano”.

Palabras claves: Urbanización, Socialización, Neoliberalismo, Capitalfeudalismo, Socialismo.
I N D I C E

 

 

1.  Descubriendo las coordenadas de origen y destino. 4

2.  Posmodernidad, neoliberalismo y capitalfeudalismo urbano. 9

a) Los bucles recursivos entre  urbanización, socialización y socialidad. 9

b) El carácter feudal de la socialización y socialidad capitalista. 10

c) La cuestión urbana es un momento  del desarrollo desigual, combinado, contradictorio y complejo del sistema de acción histórica y geográfica. 10

d) Las formaciones premodernas del capitalfeudalismo. 11

e) Las lógicas feudales básicas de la socialización y socialidad urbana. 12

f) Las lógicas reales de las formaciones empresariales capitalistas. 15

g) Estrategias reproductivas,  territorializaciones y clasificación urbana. El cuarto corte a la teoría de la crisis de la acumulación capitalista. 16

h) Metamorfosis geográficas y territoriales. 17

3. “Del laberinto de la soledad al espacio de la solidaridad” 18

Referencias bibliográficas. 22


 

Neoliberalism or Urban Capitalfeudalism? (Abstract)

Starting from the present features of the urbanization of Argentina and the Metropolitan Region of Buenos Aires, we intend to stand out the character capitalfeudalist of the urbanization sustained by the neoliberal culture. At the same time, we try to show the possibilities of construction of new “spaces of hope” (D.Harvey) in their interstices. The forms of the urban development connote the group of indispensable material and inmaterial devices of the sociability and enlarged socialization of the societies. For this reason “the urban thing” and the urban culture, as much in the cities as in the country, are the center of the interventions and objetivations of the political confrontations. The unequal, combined and contradictory territorialization forms of the agents and the political agencies are sufficiently eloquent. In general, in capitalist societies, the analysis of the sociability and socialization in the different “locales” and geographies of the social interaction shows the coexistence of a diversity of forms and paradigms, standing out the character flagrantly feudal of the neoliberal culture, which is centered in the privatisation of the “urban thing”.

Key words: Capitalfeudalism, Socialization, Neoliberalism, Socialism,Urbanization.

“Tiendo a sentir que algo se pierde cuando un énfasis en el poder y la dominación apuntan a obliterar el desplazamiento...hacia el sistema económico, la estructura del modo de producción, y la explotación como tal” (F. Jameson, 1991).

"Aumenta la circulación de los capitales y disminuye la de los derechos humanos"
(N. Chomsky).

Ponemos a consideración algunas reflexiones sobre el entronque entre el neoliberalismo y “la cuestión urbana”. Nos interesa reflexionar sobre los modos en que tienden a materializarse en la geografía urbana las tensiones entre la hegemonía, coacción y coerción neoliberal, que proponemos denominar capitalfeudalismo urbano, y la emergencia, configuración y posibilidades de extensión y profundización de las formas contrahegemónicas orientadas a la redefinición de la socialidad en clave solidaria y participativa.

Las reflexiones son el resultado de un itinerario, aún en curso, de experiencias e investigaciones urbanas realizadas por muchos y solo parcialmente por nosotros. Reflexiones de experiencias en un doble sentido: como vivencias de circunstancias urbanas que fueron presentándose sin que las eligiéramos,[1] por un lado, y como experimentos urbanos o, más bien, como intentos para cambiar políticamente el curso de los acontecimientos dentro de un horizonte que denominamos critico-conservador-de-izquierda. A medida que avancemos se verán los motivos por los cuales se nos impone la expresión.[2]

Los temas y el objetivo propuesto se sitúan dentro de un campo constituido por las tensiones entre la tendencia feudalizadora de la urbanización del capitalismo en clave neoliberal y las construcciones contrahegemónicas que se despliegan desde el polo del socialismo urbano. Nos proponemos, en definitiva, enfatizar los peligros estructurales para la sociabilidad solidaria y democrática que sub-yacen a la espectacularidad fenomenológica de la urbanización  neoliberal, la cual vemos más como una estrategia deliberada de reproducción ampliada de capitalismo, que como un efecto indeseado del propio neoliberalismo sobre la condición urbana. Nos interesa, en definitiva, destacar el carácter premodernista o feudalizador del logos o racionalidad de “la barbarie civilizatoria tardocapitalista” (E. Grüner, 2002) que suyace en los paisajes pos, hiper, ultra o supermodernizadores, con el deseo de intentar superar cierto encandilamiento fenoménico que se observa en las investigaciones urbanas, retomar la focalización investigadora de algunas de sus esencialidades y, sobre todo, ratificar, ante el “abismo” tendencial, la imperiosa necesidad de incrementar el esfuerzo por el descubrimiento e invención de alternativas conceptuales y prácticas superadoras solidarias.

A tal efecto haremos referencia brevemente a:

·         las coordenadas de origen y destino de la problemática tal como fue preanunciada;

·         algunas lógicas estructurales del capitalismo y las formas y procesos de feudalización urbana a nivel locales y globales y micro y macro sociales;

·         finalmente trataremos de reflexionar sobre las alternativas dentro de la urbanización neoliberal capitalfeudal de construcción y profundización de las socializaciones, socialidades y urbanizaciones contrahegemónicas.

1.  Descubriendo las coordenadas de origen y destino.

“Creíamos alejarnos y nos encontramos en la vertical de nosotros mismos. El viaje rejuveneció las cosas y envejeció la relación con uno mismo” (M. Foucault, 1984, pág. 14)

Nos proponemos argumentar, entonces, sobre el carácter tendencialmente feudalizador de la socialización y socialidad neoliberal capitalista, las que especificadas en relación a “lo urbano”  y las ciudades constituye lo que hemos propuesto denominar capitalfeudalismo urbano. Por tal motivo neoliberalismo y capitalfeudalismo urbano representan el rostro cultural global y el rostro urbano respectivamente del sistema de acción histórico y geográfico de esta etapa del desarrollo social, denominada posmodernidad, hipermodernidad, ultramodernidad o “barbarie civilizatoria tardo-capitalista”. La última es la que más claramente connota la noción de feudalización y de capitafeudalismo urbano.

El neoliberalismo, en consecuencia, más que anunciar el fin de la historia, preanuncia un trayecto histórico de superación-conservación-supresión hegeliana (Aufhebung) de la modernidad y premodernidad. Si no se desarrollan tendencias antagónicas, al final de su recorrido pareciera que no hay otra cosa que la imposición de una cultura emergente (Williams, 1977) basada en la restauración reconfigurada de la premodernidad. Por tal motivo, la esencia de la posmodernidad (o hipermodernidad), creemos, radica en su tenebroso y siniestro reverso premodernizador, ocultado por la grandiosidad y “espectacularización” de sus innovaciones científico-tecnológicas y simbólicas, la “compresión espacio-temporal” (Harvey, 1989),  la compactación, densificación y expansión del mundo (Di Cione, 2003), la aceleración de la metamorfosis material de los paisajes agrarios y urbanos y, sobre todo, por el control y direccionamiento de los deseos que sustentan el sistema de necesidades individuales y sociales, mediados y determinados por el incesante desplazamiento de los objetos (de deseo), elocuentemente expresados en las renovaciones de la vidrieras y escaparates mercantiles y la colonización de “la calle” (Lefebvre) por el “fashonismo” mercantil y cultural en general. Aunque no toda, tal como lo percibimos a diario y como reflejo de movimientos culturales más generales, la ciencia social y la ciencia de “lo urbano” no escapa a la regla, con lo cual, muchas veces nos encontramos con “vino viejo en odres nuevos”.

Si desocultamos su naturaleza estructural, lo que hoy se ha dado en llamar posmodernidad puede ser vista como una transición hacia formas configuradas de la premodernidad. Es la etapa en la que gracias al pavoroso desarrollo científico-tecnológico, el capitalismo, ante la imposibilidad de gestión auténticamente democrática de “la cuestión urbana” y la sociedad en general, resucita a los progenitores que había enterrado en los orígenes de la modernidad.  Parafraseando e invirtiendo un viejo dicho francés que utilizara Marx, podríamos decir que ante las exigencias de gestión de su “autodesarrollo” estructural, en el capitalismo avanzado “algunos vivos resucitan a sus muertos”.[3] 

Las consideraciones anteriores pueden considerarse como una gran hipótesis, compartida por muchos, que sintetiza un conjunto solidarios de postulados o hipótesis de trabajo resultantes de un largo proceso de investigación-acción-participación (IAP) colectivo en el que convergen tres horizontes superpuestos y entreverados de experiencias, necesidades y lógicas: a) el de la individualidad de la vida cotidiana, b) el de la socialización, sociabilidad y socialidad de la ciudadanía (de cívitas) o de la política (de polis) y c) el de las revisiones del campo científico y epistemológico sobre “la cuestión urbana”.

a) El horizonte de la vida cotidiana es la instancia en la cual se combinan el sector dominado y no dominado de la vida (H. Lefebvre). Es obviamente el más extenso en términos históricos y geográficos. Opera como “condición general de producción y reproducción”, como fondo y éter de los otros dos y, a partir de cierto momento, como ámbito de resolución de los otros.

En este horizonte los procesos de socialización se experimentan como relaciones de sociabilidad y socialidad urbanos, en decir, en los procedimientos rutinarios, banales, de los encuentros y desencuentros en la multiplicidad de “locales” (Giddens) de la interacción social, en especial de “la calle” (Lefebvre), en tanto además de ser en si mismo lugar de encuentros y desencuentros, es el dispositivo urbano y lugar que posibilita re-ligar desigual, combinada y contradictoriamente la totalidad de los lugares de la vida social y privada.

En la vida cotidiana priman los procesos y necesidades de la individuación personal y, por lo tanto, de las relaciones de poder de la microfísica (Foucault) de la reproducción social. Aquí la instancia macrosocial se presenta como conjunto de sobredeterminaciones más o menos fetichizadas sobre las prácticas y representaciones cotidianas. Las relaciones sociales se personifican y cosifican. El carácter feudal se expresa mediante patrones de comportamiento muy diversos que trasuntan diferentes “jerarquías” de las posiciones de los individuos en la trama social y en relación al dominio o poder sobre las personas, los bienes y los recursos sociales. La expresión de amplia difusión “ese lugar es el feudo de fulano” es suficientemente elocuente.[4] Volveremos sobre el tema más adelante al considerar el desarrollo urbano desigual, combinado y contradictorio y las principales lógicas de la socialidad.

b) El horizonte de las experiencias, necesidades y lógicas de la socialización y socialidad política o ciudadanía se inicia a partir de los comienzos de la década de los sesenta. En esta etapa el horizonte urbano de la vida cotidiana se entrelaza con la complejidad contradictoria de la sociedad política, al punto que resulta un mero ejercicio especulativo intentar diferenciar ambos horizontes.

Por aquel entonces el registro y las primeras reflexiones  fueron el inevitable producto  de la socialidad de la vida cotidiana en contextos urbanos “autoritarios burocráticos” o dictatoriales, caracterizados por la “suspensión” de los derechos humanos a favor de algunos derechos de propiedad, casi siempre coincidentes con los intereses geopolíticos imperialistas de algunos capitales transnacionalizados o, utilizando una metáfora de nuestros tiempos, globalizados. En ese período se desarrollaron las primeras experiencias migratorias y de trashumancias habitacionales forzadas y, fundamentalmente, las primeras luchas urbanas socialista y antiimperialista, como la denominábamos en aquel entonces, y que ahora, renovados, aunque estemos “en la vertical de aquellos tiempos”, denominamos “prácticas contrahegemónicas”. Fue dentro de esa búsqueda que encontramos en 1963 el polémico y movilizador texto de Andre Gunder-Frank, fallecido el pasado 23 de abril,  América Latina: Subdesarrollo o Revolución.

Las luchas reivindicativas y antisistémicas fueron las que nos indujeron a mirar a la ciudad y a lo urbano de un modo muy diferente al de las cartografías espaciales y conceptuales vigentes en aquel entonces y aún posteriores. Sin saber cartografiar, pero también para resguardarnos de la represión por la tenencia de cartografías, fuimos forzados a a inventar los mapas mentales de la ciudad.[5] Entre las experiencias urbanas destaco la “cultura de noche”[6] en relación a las “pintadas”, contrastantes con los “graffiti” de ahora, las movilizaciones callejeras y enfrentamientos  con los “aparatos represivos”, las territorialidades relativamente combativas de algunas barriadas y también las experiencias de los espacios carcelarios. Descubrimos también el significado de topo, de la topo-logía y la topo-grafía, no como representación de lugares, sino como invención de lugares para la frecuente vida de topo y, también, para las u-topías.

En ese horizonte de los 60’ se fueron revelando la trama y los dramas urbanos de los dispositivos de poder, el panóptico y acoso policial, parapolicial, militar y paramilitar, aún vigentes entre los pliegues de los procesos actuales de democratización. A pesar de la ignorancia académica de aquel entonces, descubrimos  que lo urbano y las ciudades eran los escenarios fundamentales de la geopolítica de la vida cotidiana, en los que se enfrentaban las formas de territorialización del poder y del contrapoder.

En las formas de los paisajes barriales y en sus usos políticos, con mayor o menor visibilidad, se fue revelando que las ciudades son enormes dispositivos materiales y simbólicos orientados a la producción y reproducción de la socialización en base a formas de socialidades extremadamente constreñidas por las jerarquías patrimoniales y políticas. Descubrimos el peso, pero también la falta, de la propiedad privada, sus muros e interdicciones diferenciales y, coligados, una trabazón de fenómenos y relaciones sociales percibidas como resabios coloniales, feudales o medioevales.

En su esencia todas las culturas basadas en el “ánimo o deseo de dominio” [animus dominis] privado de los recursos sociales, son  feudales o tienden a la feudalización de las relaciones, independientemente de la mayor o menor atención de los estados de derecho moderno. Sin caer en el extremo de considerar proudhonianamente que todas las formas de propiedad son un robo, no guste o no, las formas individuales de la propiedad son tendencialmente feudalizadoras, tanto más cuanto mayor es la concentración de la riqueza. Como prueba elocuente basta mirar la altura y porte de los muros de algunos enclaves habitacionales del tercer mundo y, sobre todo, la distancia social y relativa impunidad institucional y poder de las fracciones empresariales más concentradas y centralizadas.

La experiencia política de la urbanización capitalista puso de relieve que el movimiento del capitalismo real combina socializaciones y socialidades  dominantes, residuales y emergentes (R. Williams, 1977), es decir, que ciertas relaciones sociales y formas de la socialidad que parecen a simple vista como anacrónicas, son más bien sincrónicamente funcionales al desarrollo del capitalismo. Dentro de las urbanizaciones dominadas por el capitalismo sobreviven, en consecuencia, formas residuales de feudalismo, pero también emergen nueva formas de relaciones feudales.  El capitalismo, al tiempo que preserva algunas formas residuales del antiguo feudalismo, lo reconfigura de modo tal que las nuevas formas parecen emerger  de su propia naturaleza, tanto más, cuando más se desarrollan las formas contrahegemónicas emergentes.

Los fenómenos más significativos del feudalismo emergente dentro de la sociología política de la urbanización capitalista se visualizan en las relaciones clientelares de la sociedad política, lo cual incluye al Estado y a los partidos políticos, y la sociedad civil. Dentro de la sociedad civil el feudalismo se relaciona con los procesos de territorialización empresariales, en especial los implicados con la reproducción orgánica de las grandes corporaciones. La socialidad de los sindicatos (recordemos “Nido de ratas”) no escapa de la lógica del feudalismo emergente dentro del capitalismo.

Creemos que la conclusión más importante de la experiencia política de la cuestión urbana consiste en haber visibilizado que el capitalismo más que tender a su desaparición como resultado automático de sus contradicciones internas tiende a desarrollar automáticamente formas emergentes feudales que solamente pueden “superarse” en otra dirección a partir de una acción política social y culturalmente contrahegemónica. Este aspecto es el que motiva centralmente la ponencia.

c) El horizonte de las experiencias, necesidades y lógicas de la ciencia se inició parcialmente a fines de los sesenta, cuando comenzamos a incursionar sobre la cuestión urbana con el propósito de sistematizar teóricamente el conocimiento espontáneo, pero en mayor medida, para orientar la acción política en torno a la cuestión de las políticas sociales, en tanto connotan las condiciones urbanas de reproducción de los sectores populares.

No obstante la inscripción específica de las investigaciones empíricas dentro del campo estrictamente científico fue posterior, iniciándose a mediados de los 70’. Con notorios flujos y reflujos las actividades fueron acompañando los intensos procesos de transformación de la cultura urbana de Argentina y el mundo hasta la actualidad.

Las investigaciones científicas fueron alimentadas por las experiencias previas, las que a su vez fueron reconfiguradas dentro de un horizonte de nuevos significados. Hasta fines de los ochenta, la dialéctica puso de relieve las limitaciones del conocimiento espontáneo, pero también cuestionó desde la experiencia el saber de la academia sobre la cuestión urbana en Argentina y en América Latina y en los núcleos disciplinarios dominante de EEUU, Canadá, Inglaterra, Francia e Italia.  Las mayores deficiencias las visualizamos en el campo disciplinario de la geografía urbana, la urbano-regional y la regional, tanto en sus vertientes teóricas, aunque en rigor no cabe el término, como en las aplicadas.

El mayor cuestionamiento derivó de las debilidades de la teoría urbana para comprender finamente y en profundidad la actuación de los procesos de socialización en las formas de las sociabilidad y socialidad en general y, en particular, de las correspondientes a la sociología urbana de las geografías de extramuros del primer mundo. La problemática de la articulación fina entre las socialidades de los diferentes modos de producción tuvo un tardío reconocimiento.

No obstante, fuera de la academia, en coincidencia con los registros de nuestras propias experiencias en los tres horizontes señalados, se fue desarrollando desde mediados de los 60’ la percepción de que la modernidad entraba en una fase de feudalización o medievalización como consecuencia de la lógica perversa de la acumulación capitalista visible en la geografía urbana de occidente. La percepción se fue incrementando en las décadas siguientes en correspondencia con el avance del neoliberalismo a nivel mundial, expresado en la creciente expansión capitalista a nivel global, el relativo retroceso de las luchas antimperialístas y tercer mundistas, la difuminación de las utopías de la modernidad, tanto del progreso humanizador del capitalismo como de la humanización socialista, el aceleramiento de procesos ecológicos irreversibles (agotamiento de recursos, efecto invernadero, etc.), la crisis y caída de los países del socialismo real, el incremento de la violencia sistémica expresada en las confrontaciones militares, la pobreza y la inseguridad de “la calle” y, fundamentalmente, los pavorosos procesos de concentración y centralización económica transnacionales que tornaron casi en expresiones anacrónicas las institucionalidades estatales.

Como “reflejo” del conjunto de circunstancias, numerosos autores, con más o menos fundamentación científica fueron encarando el tema a partir de los 70’, destacándose Roberto Vacca (Il medioevo prossimo venturo.La degradazione dei grandi sistemi, 1972), Humberto Eco, Furio Colombo, Francesco Alberoni y Giuseppe Sacco (La nueva edad media, 1975), Edgard Morin y Anne B. Kern,  (“La agonía planetaria”, 1993) y Francisco Arvizu Hugues (“¿Una nueva Edad Media?”,  2004).

No obstante, el carácter feudal del desarrollo capitalista fue reconocido por muchos desde mediados del siglo XIX, es decir, a partir de la fase de ascenso del capitalismo industrial, en reconocimiento de los procesos de “hibridación cultural” (N. García Canclini, 1992) entre las formas emergentes capitalistas y no-capitalistas y las formas residuales “precapitalistas”. A tal efecto son significativos algunos registros de Proudhon y Marx, tanto por su significación de época, como por los alcances sobre algunos debates contemporáneos acerca del progreso de las transformaciones culturales impulsadas por el capitalismo.

El primer texto corresponde a Proudhon. Fue escrito en 1865, seis años antes de los acontecimientos de “La Comuna de París” (1871). Refiriéndose al desarrollo del capitalismo en Francia afirma:

“Gracias a la legislación de minas, al privilegio del Banco, y sobre todo a las concesiones de ferrocarriles, ha predominado decididamente el feudalismo capitalista e industrial. De este modo, la clase media se va extinguiendo día a día, atacada de frente por el alza de los salarios y el desarrollo de la sociedad anónima; atacada en sus flancos por las contribuciones y la concurrencia de extranjeros, o sea el libre cambio” (Proudhon, 1865, El principio federativo).

Con  la expresión feudalismo capitalista e industrial, Proudhon se refiere a a la creciente concentración y centralización capitalista y sus impactos destructivos sobre la clase media constituida en aquel entonces por pequeños productores independientes y empleados estatales. La expresión es la primera que hemos podido registrar en la que se señala específicamente el desarrollo de formas feudales o neofeudales emergentes en las sociedades capitalistas.

Marx, dos años después de Proudhon y a solo cinco años de La Comuna de París, en su “Prólogo” a la primera edición de El capital, refiriéndose al desarrollo del capitalismo en Inglaterra y Europa reconocía que:

“En todas las demás esferas nos atormenta, al igual que en los restantes países occidentales del continente europeo, no sólo el desarrollo de la producción capitalista, sino la falta de ese desarrollo. Además de las miserias modernas, nos agobia toda una serie de miserias heredadas, resultantes de que siguen vegetando modos de producción vetustos, meras supervivencias, con su cohorte de relaciones sociales y políticas anacrónicas. No sólo padecemos a causa de los vivos, sino también de los muertos. Le mort saisit le vif! [¡El muerto atrapa al vivo!]” (Marx, 1867, Prólogo a la 1ª. Edición de Das Kapital ).

A diferencia de Proudhon, Marx encuentra en las viejas relaciones sociales feudales o medioevales un escollo para el desarrollo del capitalismo, al tiempo que reconoce el principio del desarrollo desigual del capitalismo. El reconocimiento del carácter complejo del capitalismo puede observarse en la distinción entre las “miserias modernas” y las “miserias heredadas”

Avanzado el siglo XX comenzaron a generalizarse las sospechas de que ciertos aspectos bárbaros, salvajes, feudales o medioevales de las sociedades capitalista no eran resabios del pasado, sino más bien resultados de su propia lógica interna. Entre tantos, en 1935 Federico García Lorca percibía que Nueva York

“En una primera mirada el ritmo puede parecer alegría, pero cuando se observa el mecanismo de la vida social y la esclavitud dolorosa del hombre y la máquina juntos, se comprende aquella trágica angustia vacía que hace perdonable por evasión hasta el crimen y el bandidaje” (F. García Lorca, Un poeta en New York, 1935).

Sin embargo, García Lorca no pudo preveer que la expresiones culturales emergentes más bestiales, siniestras y tenebrosas del capitalismo se estaban desarrollando en Europa a partir de 1933 con el triunfo del partido nazi en Alemania y la reorganización falangistas del conservadurismo político en el seno de la II República de España.

En los años siguientes hasta 1940 los dirigentes nazis alemanes crearon 22 campos (urbanos) de concentración dónde confinaron, en situaciones semejantes a los centros de detención de la inquisición medieval, a judíos, comunistas, homosexuales, gitanos, eslavos y otros grupos. Al final de la guerra (1945),  las formas esclavas de trabajo, los fusilamientos, las cámaras de gas y las inyecciones letales acabaron con más de cuatro millones de prisioneros. Al mismo tiempo, en España el falangismo, a la cabeza de la reacción conservadora, con apoyo del fascismo y el nazismo, desplaza a la II República en 1939. Tres años antes (1936) fusila en Granada a García Lorca.

Por razones justificables, nos abstenemos de considerar las particularidades de las hibridaciones que fueron dándose en América Latina en países como Brasil, Uruguay, Chile y Argentina. En análisis pondría de relieve una lista interminable de ejemplos de cómo el desarrollo del capitalismo dominante desde su incorporación a los mercados internacionales se fundó tanto en la preservación de las viejas formas culturales feudales, como de la invención de nuevas formas feudales. La síntesis entre feudalización y modernización la hallamos en muchas manifestaciones de la sociedad civil, ligada a las formas de socialidad clientelar patrimonialista. Sin embargo la expresión más acabada de síntesis la encontramos en la generalización continental e histórica de los gobiernos militares.

A pesar de la densidad de las formas feudales en la socialidad contemporánea, no se observa una densidad acorde de las expresiones capitalismo feudal, feudalismo capitalista y capitalismo feudalizado dentro de la literatura periodística y ensayística. En el universo de las publicaciones científicas son casi inexistentes y las pocas corresponden a referentes de la teoría sociopolítica anarquista, anarco-socialista y socialista.[7] Encontramos una sola referencia procedente del campo del neoliberalismo, destacando como capitalismo feudal a las formas empresariales que corrompen la “esencia modernizadora” del capitalismo.

¿Cómo debemos interpretar la distancia entre la realidad del capitalfeudalismo y el vacío de la literatura científica, periodística y ensayística? No tenemos una respuesta suficientemente corroborada. No obstante hipotetizamos que la distancia es imputable al enmascaramiento de la cultura neoliberal mediado por los dispositivos de la información y comunicación (DICs o, también, TICs), al disciplinamiento “metodológico” del campo científico y tecnológico y a las sobredeterminaciones (constreñimientos) que el campo ejerce sobre la ciencia crítica.

La asociación de capitalfeudalismo y demás términos semejantes con “urbano” es prácticamente nula, lo cual es una prueba significativa acerca de la relativa desvinculación de los rasgos feudales del capitalismo de sus manifestaciones en el campo específicamente urbano, es decir, entre la lógica capitalista y los dispositivos urbanos que son condición de posibilidad de la socialización y socialidad capitalista.

La desvinculación contrasta con las evidencias que hemos recogido de los tres horizontes de experiencias en relación al tema, lo cual nos lleva a reflexionar sobre si son o no apropiadas la expresión y la noción o si deberíamos apelar a otros significantes. Seguidamente trataremos de aportar algunas hipótesis y postulaciones adicionales que contribuyen a despejar las dudas y contribuyen a abonar la corrección de capitalfeudalismo urbano.

2.  Posmodernidad, neoliberalismo y capitalfeudalismo urbano.

El desarrollo del capitalfeudalismo urbano característico de las sociedades neoliberales o posmodernas se sustenta en una conjunto de condiciones generales de la producción y la reproducción que abarcan todas las escalas geográficas. Trataremos de identificar brevemente algunos aspectos que serán presentados a modo de hipótesis y postulaciones complementarias que contribuyen a desarrollar y fundamentar analíticamente la hipótesis central: el carácter tendencialmente capitalfeudalista de la urbanización contemporánea.

a) Los bucles recursivos entre  urbanización, socialización y socialidad.

Vivir en sociedad implica que la sociedad vive en nosotros. Este bucle dialéctico se enreda mediante otros bucles con las geografías que lo posibilitan, es decir, con las condiciones geográficas indispensables a la socialización y sociabilidad o socialidad. Dentro del conjunto de condiciones se destacan los dispositivos específicos de la socialización y socialidad. Se trata de “dispositivos” que “disponen” con mayor o menor armonía o conflictos a la interacción social. Los dispositivos necesarios a las socialización y socialidad son la esencia de la urbanización.

Socialización, socialidad, geografía social, urbanización y geografía urbana son momentos del despliegue cultural de las sociedades. Son, parafraseando salvajemente a la dialéctica, términos relativamente intercambiables, en tanto cada uno se configura en una trama complicada de bucles recursivos. Vivir en sociedad implica vivir urbanamente. Vivir en una urbe implica vivir en sociedad.

Decimos que hay un bucle recursivo, en tanto la naturaleza multiescalar de la socialización y la socialidad produce y reproduce particulares geografías sociales con particulares dispositivos materiales e inmateriales de la interacción (dispositivos urbanos) y estos determinan a su vez las geografía sociales y los particularismos de la vida social. En un nivel de abstracción exagerado, lo dicho es equivalente a sostener que las particularidades de la socialización y socialidad se objetivan en ciertos particularismos geográficos y urbanos y que éstos se subjetivan en particularismos sociales.

Esta cuestión, considerada en sus manifestaciones empíricas, es relativamente obvia. Si no lo es, es simplemente por el efecto perceptivo de ciertos discursos “teóricos” propensos a la formalización burocrática y lógica de los procesos reales. En estos discursos nada más obvio que una cosa es la socialización, otra la socialidad y otras la geografía social y la cuestión urbana.

Pero si agregamos que la política es la esencia de la sociedad, debemos agregar que hay, en términos analíticos, otro bucle recursivo relativamente obvio que enreda la vida social. Se trata del bucle entre la urbanización y la vida política, al punto que es impensable la política sin la urbanización y la urbanización sin política.

La vida política transcurre en las ciudades y las ciudades en la urbanización. La vida política determina a la urbanización y las ciudades y estas a la vida política. Conocer a ambas y a su interrelación es crucial para encarar tanto las transformaciones de lo urbano y las ciudades como la naturaleza de la vida política.

b) El carácter feudal de la socialización y socialidad capitalista.

La noción de feudalismo, al igual que otras similares en cuanto a la multiplicidad de manifestaciones fenomenológicas, es ciertamente compleja. Entre el conjunto de rasgos nos interesa particularmente destacar como atributo específico  la estratificación y jerarquía de las relaciones de poder basadas en diferentes formas de construcción y dominio de territorios geográficos, económicos, políticos, sociales y culturales. Connota a un sistema social en el que la dirección de las funciones sociales están privatizadas o reservadas a una jerarquía superior, la que se sostiene por una trama compleja de subalternizaciones basadas en una multiplicidad de dependencias personales y empresariales orientadas a proporcionar protección y ayuda a cambio de fidelidad y sumisión.

Si antes la relación se entablaba entre “señores” y “vasallos”, en la actualidad es entre propietarios y empleados, jefes y subalternos, empresas y organizaciones grandes y menores y entre dirigentes y dirigidos.

La propiedad de la tierra, típica del feudalismo premoderno, aunque perdura subordinada a la lógica de la plusvalía (subsunción formal y real de la renta) ha sido suplantada por las formas de propiedad y apropiación de territorios sociales y naturales. Veremos más adelante cuales son las lógicas o racionalidades que las sostienen.

El feudalismo contemporáneo atraviesa la sociedad civil (en base a las relaciones de propiedad y apropiación, el clientelismo comercial, industrial y financiero), la sociedad política (control jerarquizado de los “aparatos políticos”) y el Estado (clientelismo estatal hacia la sociedad civil, pero también clientelismo civil hacia el estado).

El feudalismo anida en las democracias contemporáneas. Aunque puede conllevar a regímenes políticos diferentes, tal como ha sucedido con frecuencia en la historia de la modernidad, el feudalismo es centralmente un fenómeno cultural que escribe su propia historia dentro de la historia de los estados democráticos, y cuando no puede la determina imponiendo estatalidades o gobiernos acordes con su naturaleza estructural: la tremenda concentración y centralización de capitales, es decir la socialización y sociabilidad jerarquizada de las formas de propiedad y de comando de las corporaciones empresariales capitalistas.

c) La cuestión urbana es un momento  del desarrollo desigual, combinado, contradictorio y complejo del sistema de acción histórica y geográfica.

Parafraseando a Milton Santos (1982), al enfrentarnos a los fenómenos contemporáneos de la cuestión urbana descubrimos con notoria evidencia que si hubo una época en la cual debíamos demostrar que la realidad era dialéctica, ahora la misma realidad en general y la urbana en particular, nos fuerza a pensar dialécticamente. Estamos convencidos que muchos debates sobre la cuestión urbana podrían resolverse sencillamente si se abandonan los constreñimientos conceptuales, metodológicos y teóricos sustentados en los formalismos del principio de identidad, de no contradicción y de tercero excluido.

¿Qué significa considerar la cuestión urbana en términos dialécticos?[8] Implica situarla dentro del desarrollo desigual, combinado, contradictorio  y complejo de las formaciones económico sociales o formaciones geohistóricas. Entre el conjunto de instancias analíticas punteamos las siguientes:

 

·         los fenómenos y procesos urbanos son formaciones urbanas, es decir, implican aspectos naturales y culturales o, en otros términos, naturales, económicos, políticos, estatales e ideológicos;

·         los procesos urbanos presuponen momentos subjetivos y objetivos, sujetos y objetos y subjetivaciones y objetivaciones;

·         el momento subjetivo implica considerar la amplia variedad de “individualización” combinada de actores individuales y colectivos (conductas individuales, actuaciones empresariales, las luchas reivindicativas y los movimientos urbanos);

·         visualizar la generalidad de lo urbano en las singularidades y las singularidades en el movimiento de conjunto (relaciones todo-parte, totalización);

·         los procesos urbanos concretos están sobredeterminados por las características multiescalares de las totalidades y totalizaciones de las que forman parte, es decir, son mediadoras y mediadas;

·         considerar cada etapa como “supresión-conservación-superación” de vectores históricos;

·         no perder de vista la correspondencia entre las relaciones técnica y las relaciones sociales, es decir, el carácter social de los objetos técnicos y el carácter objetivamente técnico de las relaciones sociales;

·         destacar las formas ampliadas de las relaciones de propiedad y apropiación, es decir con sus correspondientes totalizaciones y sobredeterminaciones territoriales;

·         los dispositivos urbanos son el resultado  de los procesos de redefinición territoriales de la socialización y socialidad de los agentes;

·         lo diferente se inscribe dentro de socialidades y socializaciones “combinadas” de diferenciación y clasificación de actores y agencias individuales y colectivos;

·         distinguir los nexos de las contradicciones, es decir, el momento funcional de la combinación del momento estrictamente subjetivo-contradictorio (no siempre las relaciones potencialmente contradictorias se expresan antagónicamente);

·         diferenciar las transiciones cuanti-cualitativas de los procesos (Ejemplo: los “saltos”, segmentaciones y estratificaciones  derivados de la magnitud dominiales, tales como pequeños, medianos y grandes agentes inmobiliarios; los saltos cuantitativos que transformaron los barrios cerrados y condominios en una cuestión urbana);

·         el desarrollo urbano no es lineal, es decir, “combina” histórica y geográficamente formas culturales y modos de producción residuales, emergentes y dominantes (R. Williams, 1977);

·         el carácter de la combinación es compleja, es decir, relativamente abierta e indeterminada.

d) Las formaciones premodernas del capitalfeudalismo.

El análisis de la estructura y funcionamiento de las formaciones socioeconómicas capitalistas contemporáneas revela que con excepción de la especificidad de la lógica económica del capitalismo y las formas del estado, la mayor parte de las formaciones sociales importantes en la reproducción social son premodernas: la propiedad privada, la familia, el ejército, la religión, el dinero, el mercado, la corporación, el club,  la logia, el partido político, la empresa (incluso la capitalista), la universidad y, sin la importancia que adquiere posteriormente, la burocracia.

El desarrollo del capitalismo ha reconfigurado o destradicionalizado (Williams, 1977; A. Giddens, 1989) a la formaciones premodernas. Sin embargo se trata de un proceso de ajuste recíproco.

La característica común a todas radica en que involucran relaciones jerarquizadas, asimétricas y relativamente cerradas que contrastan con el ideario de igualdad y libertad concertada de los procesos democratizadores. El poder descansa en las posiciones heredadas o asignadas o conquistadas de control y dominio de los patrimonios involucrados.

En el comienzo de la modernidad, las formaciones operaron como entramados relacionales anacrónicos, tal como fuera señalado, entre otros, por Marx al referirse al desarrollo del capitalismo en Europa. Marx se refería fundamentalmente al peso político y económico de los terratenientes e ideológico del la cristiandad romana. En la actualidad, veremos, constituyen los pilares mediante los cuales se sostiene la tendencia feudalizadora de la socialización capitalista: afirmación absoluta de la propiedad privada y la familia como soporte social general y la proliferación de burocracias cerradas gerenciales empresariales, políticas, corporativas y militares integradas por agentes subalterno  “asalariados” en base a procedimientos de cooptación privados o relativamente privados.

e) Las lógicas feudales básicas de la socialización y socialidad urbana

El análisis de los procesos urbanos reales revela que hay una infinita cantidad de “lógicas”, razones o racionalidades operando desigual, combinada y contradictoriamente en la praxis individual y social. Recordemos: lo concreto es la unidad de la multiplicidad de determinaciones. Destacamos sólo algunas que consideramos centrales para reconsiderar los procesos de la urbanización dentro de la reproducción social y cultural urbana. Son básicas en tanto posibilitan analizar a las conductas de los agentes frente a la producción y reproducción de la vida social en general (capitalistas y no capitalistas), en especial los procesos de clasificación, disciplinamiento o subordinación, contestación y territorialización

Se trata de lógicas que median los procesos de socialización y la actuación de la socialización, es decir, la socialidad. Intervienen en el desempeño de la interacción social, en especial en los “locales” (A. Giddens) y lugares de la cotidianidad, razón por la cual son también lógicas que regulan los intercambios entre lo micro y lo macrosocial y, dentro de este horizonte, la difícil y comprometida elección entre la subordinación y la insubordinación, la reproducción y la contestación sistémica, el individualismo y el socialismo y el autoritarismo y la democracia. Los primeros términos son los que caracterizan combinadamente la socialización y socialidad del capitafeudalismo. Cada lógica, reiteramos pueden considerarse en perspectiva formal o dialéctica. La segunda implica que hay relaciones de sub y sobredeterminación de cada una en relación a las otras.

Del conjunto de lógicas destacamos por sus implicancias explicativas las siguientes:

 

·         Lógica de las necesidades (o lógica de los deseos y también lógica del desarrollo personal) y los afectos (amor, odio).

·         Lógica de la propiedad y apropiación (despojo, desposesión, desapropiación).

·         Lógica de la competencia y acumulación.

·         Lógica de la herencia o delegación.

·         Lógica del valor de uso o del valor técnico o de la utilidad instrumental material.

·         Lógica  mercantil del valor de cambio (dineraria y trueque)

·         Lógica de la distinción, del valor signo o de la clasificación (Baudrillard, Bourdieu)

·         Lógica de la confianza, solidaridad y fidelidad (Giddens)

·         Lógica de la seducción/fascinación.

·         Lógica del adentro y del afuera, de la inclusión o exclusión, de lo “insider” y lo “outsider” (N. Elias)

·         Lógica del don o del regalo (Marcel Mauss)

·         Lógica de la violencia/miedo/terror/siniestro

·         Lógica de la protección/defensa

 

La lógica de las necesidades/deseos/afectos o, en términos de R. Williams (1977), “estructuras del sentir”, es primordial. Involucra la socialización de los deseos  y afectos en términos biológicos, psicológicos y psicosociales. Señalemos que es en cierto modo la lógica de las lógicas, es decir, la lógica que debe ser “psicoanalizada” y sociologizada. Combina determinaciones personales y sociales y necesidades básicas y no básicas, pero siempre ideológicamente sobredeterminadas por los procesos de la socialización y las formas de las socialidades. Aquí anudan las propensiones más o menos solidarias o más o menos egoístas, la horizontalidad, justicia y equidad de los intercambios o el autoritarismo jerárquico, vertical, asimétrico, desigual e injusto.

Lo esencial en esta instancia radica en la búsqueda afectiva de gratificación y el placer y el rechazo de sus antónimos. Es la instancia fundamental  de condensación de las ideologías y sustento de las socialidades primarias y las formas básicas de los consumos. Por razones evidentes, con mayor o menor visibilidad o “sublimación”, es fuente y objeto permanente de intervención de las políticas y del “marketing”.

Los sentimientos o estructuras del sentir anudan a los individuos a los grandes colectivos del sistema de acción histórica, mediante el establecimiento de fronteras de amor, odio o indiferencia. Una vez instalados, suelen acompañar la biografía de las personas con mayor permanencia que la mutabilidad fenoménica de la vida social. Con fundadas razones algunos consideran que son “cárceles de larga duración” y  fuentes de anacronismos. Sin embargo también son fuentes que contribuyen a la invención o descubrimiento de alternativa culturales emergentes.

La lógica de la propiedad y apropiación es crucial, en tanto sustento de poder, del “ánimo de dominio” (animus dominis). Su importancia se acrecienta si se logra liberarla de su confinamiento a los “medios de producción”  y se incorporan la totalidad de medios productivos y reproductivos de la vida social que satisfacen necesidades, lo cual incluye los “capitales simbólicos” (Bourdieu) y las territorializaciones sociales en términos geográficos y sectoriales.

La distinción de los hábitus (Boudieu) de apropiación no requiere mayores comentarios: la feudalización tiende a acentuar la propiedad privada, mientras que el socialismo tiende a la propiedad colectiva. La lógica de la propiedad es central en las (irre)soluciones de las democracias en general y, en particular, en la gestión de los dispositivos urbanos de la socialización y socialidad.

La lógica de la competencia y acumulación es solidaria con la lógica anterior. Sin embargo es conveniente distinguirla en tanto instancia de regulación (positiva o negativa) de las distancias sociales. La competencia y acumulación involucra los bienes materiales, simbólicos y territorios sociales y geográficos, es decir, la reproducción ampliada de redes de ejercicio del poder. En el origen de la modernidad el capitalismo luchó contra los grandes propietarios agrarios y citadinos. En la actualidad en todas las democracias la competencia y acumulación son prácticamente ilimitadas y las fuerzas sociales que luchan en contra no logran obliterar la creatividad de recursos alternativos evasivos. Las leyes antimonopólicas han fracasado y solamente se observa cierta eficacia en las medidas impositivas que gravan la riqueza mueble y inmueble. La acumulación de bienes y territorialidades geográficamente difusas o borrosas y complejas es la base del capitalfeudalismo contemporáneo. En concordancia y continuidad de la teoría de los “cortes de las crisis de D. Harvey, la feudalización de la competencia en los “mercados” capitalistas es el cuarto corte a las crisis de acumulación capitalista.[9]

La lógica de la herencia patrimonial refuerza las dos lógicas anteriores. Es posiblemente la más premoderna, en la medida en que contribuye a la reproducción ampliada de las familias y las corporaciones. Es la fuente de preservación y proyección social de  los linajes familiares de los grandes patrimonios, bajo la forma tradicional de la propiedad o las nuevas formas de apropiación territorializadas. El tema remite a los punteros políticos y caudillos locales.

La lógica del valor de uso o del valor técnico se rige por la utilidad instrumental de la socialización y socialidad orientada a la satisfacción de las necesidades básicas y no-básicas (¿hay alguna diferencia absoluta entre ambas?). La mayor o menor racionalidad deriva del grado de conocimiento y capacidad operativa de las relaciones involucradas con objetos, personas e instituciones.

La lógica del valor de cambio deriva de la “división social” del trabajo y de la riqueza social. El vórtice de la lógica radica en los cálculos especulativos de las relaciones de intercambio mercantiles. Sobre el tema versa el cuerpo tradicional de la economía política. Recordemos que Marx confina la lógica del valor de uso de las mercancías a la merceología.

La lógica descansa en el elemental principio de la relación de equivalencia entre el valor de las cosas que no se tienen y el valor del esfuerzo que estamos dispuestos a realizar para obtenerlo. El principio instituye la especulación mercantil, pero también el de la apropiación por desposesión o despojo y otras formas de apropiación y acumulación originarias no estrictamente mercantiles, derivadas de la asimetría de los intercambios.

La especulación inmobiliaria se basa en gran medida en  la diferencia entre el valor mercantil de los bienes inmobiliarios, el costo de producción y la internalización de los beneficios de los procesos sociales de la urbanización. Gran parte de la acumulación de los capitales inmobiliarios (pero también de los “ahorros” o acumulaciones familiares) derivan de un conjunto difusos de geopolíticas locales de valorización diferencial de los inmuebles en las que se involucran diversas formas de poder clientelares territorializadas altamente feudalizadas.

La lógica del valor signo o de la distinción o de la clasificación (J. Baudrillard, 1969; P. Bourdieu, 1979) agrega la carga simbólica de la actuación de la socialidad y la pertenencia a determinadas redes de cooperación técnica circunscripta dentro de específicas identidades. Esta lógica explica en gran medida las elecciones de los consumos colectivos y las resoluciones habitacionales. Son particularmente importantes en el mercadeo de los negocios inmobiliarios, en especial los condominios, barrios y vecindarios cerrados.

La lógica de la seducción/fascinación  se basa en la capacidad de los agentes y “objetos” urbanos de embargar y cautivar con o sin engaño y con o sin malicia el ánimo de dominio de las personas. La seducción/fascinación es asimétrica: combina las predisposiciones de los agentes seducidos a partir de sus deseos más o menos manifiestos, con el ánimo de dominio de los agentes  y objetos seductores. Los objetos, fetichismo mediante, tienen propiedades seductoras. No obstante no hay que perder de vista las relaciones sociales que expresan y, fundamentalmente, las estrategias de reproducción que los sostienen.[10]

Aunque sabemos que a la larga la praxis de las relaciones y representaciones termina revelando la verdad, en un mundo dónde las esencialidades se parapetan detrás del parpadeo incesante de nuevas imágenes, la seducción/fascinación reina y domina en la inmediatez o el corto plazo de la interacción social. La pregunta:¿cómo establecer una pedagogía de la comunicación y sociabilidad que restituya la capacidad crítica del conocimiento cuando la velocidad de la critica (praxis) es lenta en relación a los desplazamientos y metamorfosis de la seducción/fascinación asociada a la velocidad de los ciclos de acumulación capitalista y el travestismo de la política dominante?.

La lógica de la confianza, solidaridad, fidelidad y predicción (Giddens) en las expectativas. La sociedad no podría funcionar si la interacción social y sus correspondientes dispositivos urbanos no son confiables, solidarios y fieles. Es una característica importante de diferenciación de los locales, redes y territorialidades de interacción. Los hay más o menos confiables. La confianza es crucial en la definición de soluciones habitaciones y territoriales. Si lo es para la convivencia democrática, lo es más para configurar territorialidades feudales (feudos), en tanto son más dependientes de la implementación y cumplimiento de pactos de reciprocidad que combinan aspectos legales e ilegales, formales e informales, implícitos y explícitos.

El estatuto de la confianza deriva de un conjunto de factores objetivos y subjetivos. Las leyes y reglas (morales, éticas, formales e informales) y la calidad de los valores de uso involucrados son los aspectos objetivos más importantes. Los subjetivos involucran el sentimiento de confianza y el valor moral del cumplimiento del “pacto” involucrado en la interacción. La lógica de la confianza es básica también en la constitución de la fe de las religiones. La relación entre ambas es crucial, al punto que se observa que la confianza de la interacción social ha configurado una cierta religiosidad (religión de re-ligare) de la socialización y socialidad.[11] Vivir urbanamente es vivir religiosamente.

La lógica del adentro y del afuera, de la inclusión o exclusión, de lo “insider” y lo “outsider” es el principio de individuación social (identidades y otredades) y a la vez de pertenencia a las redes de cooperación mecánicas y orgánicas que son indispensables para ampliar los poderes instrumentales. Parafraseando a Foucault, la lógica implica en cierto modo el estar en la realidad de “lo verdadero”.[12] Independientemente de las estratificaciones interiores, entre jefes y subalternos, propietarios y empleados, la frontera se establece entre los que “pertenecen a” o “forman parte de” (los “insiders”) y los que están en el afuera (los “outsiders”). 

La lógica del don (o del regalo) fue descubierta por Marcel Mauss (1925) al estudiar los intercambios en las sociedades premodernas originarias o “primitivas”. Se trata de formas de intercambio no mercantiles basadas en “donaciones” o dádivas en reconocimiento de favores o posiciones sociales. Las donaciones o dádivas  de reconocimiento de “favores” otorgados por las autoridades políticas o burocráticas constituyen los clásicos y perseverantes casos de corrupción institucional, tanto más intensos cuanto mayor es la apropiación personal (feudo) de los recursos materiales y decisorios institucionales. En las sociedades tradicionales la lógica del don es adscripta socialmente a los que detentan posiciones sociales importantes de tipo patrimonial o institucional (“Don Pepito y Don José”, “Don Corleone”) y de los cuales se esperan favores.[13]

La lógica de la violencia/miedo/terror/”aterramiento” está ligada a las diferentes formas formales e informales o legales e ilegales del poder sobre los fetichismos mercantiles y no mercantiles (Marx) de la naturaleza, “la segunda naturaleza”, las sobredeterminaciones de las territorializaciones y las transformaciones multiescalares de los lugares.

También podría denominarse lógica a la pérdida, del miedo o del terror a engrosar las filas de “los perdedores”.

Sabemos que la lógica de la violencia puede materializarse de muchas formas, entre ellas las simbólicas, es decir, las relacionadas con formas de expresión de la socialidad que no tiene el cuenta “la cultura del otro” o se la tiene en cuenta y se la ridiculiza o se le impide practicarla. También es violento pagar o exigir un precio de algo (trabajo, bienes) diferente de lo que se considera normal o justo. El violento el accionar de los monopolios y oligopolios, en especial de recursos sociales improducibles o irreproducibles, tales como gran parte de los recursos urbanos. Considerando el carácter social de los individuos y, por lo tanto, la socialización de la reproducción, la propiedad (privada) es ontológicamente violenta, tanto más cuánto mayores son las desigualdades entre propietarios y no-propietarios.

La lógica de la protección/defensa es el reverso dialéctico de la lógica del terror. En las sociedades de derecho, es la fuente que consagra los derechos, pero también es fuente de permanentes violaciones. Las estrategias de feudalización de los locales, redes y territorialidades de la interacción combinan las dos lógicas.

La lógica de la protección tiene que ver con el cuidado en general de los derechos humanos. En el neoliberalismo la lógica de la protección por excelencia es la del resguardo de la propiedad privada de los bienes  productivos y reproductivos, en especial las formas del capital.

En la actualidad la violencia urbana se ha convertido en una fuente de plusvalía de los capitales inmobiliarios y las empresas de vigilancia parapoliciales (los servicios de custodia). La diversidad de cerramientos habitacionales explotan la lógica de la violencia, a la cual combinan con las otras lógicas, entre ellas las del valor de cambio y del valor signo.

En cierto modo ambas lógicas también operan en otros cerramientos, tales como los industriales y los administrativos del Estado.[14] En los primeros, reservada fundamentalmente a las PyMES, se socializa, además de alguna infraestructura, la vigilancia general y el disciplinamiento obrero. Estos temas creemos que no forman parte de la agenda de investigaciones predominantes, demasiado centradas en las lógicas habitacionales.

Sin embargo, es en las entrañas infraestructurales (económicas) dónde yace con mayor densidad, definiendo las redes de socialidades y socializaciones corporativas, clientelares, generando complejos entramados de producción y reproducción de plusvalías absolutas y relativas.

En las democracias capitalistas, por obvio dejamos de lado la consideración de los gobiernos autoritarios, sabemos que en los palacios de justicia la “la ley es ciega” y que “todos son iguales”. No obstante, las desigualdades reales y “las redes de cooperación social” determinan profundas asimetrías, dentro de las cuales se desarrollan los diferentes circuitos informales y formales de la lógica de la violencia/protección.

Las resoluciones feudales, socialistas o democráticas se vale del conjunto de lógicas. Sin embargo las cuatro últimas son las que caracterizan y explican más específicamente el desarrollo del capitalfeudalismo urbano.

f) Las lógicas reales de las formaciones empresariales capitalistas.

Los agentes capitalistas combinan el conjunto de lógicas enunciadas, reconfigurándolas a partir de los diferentes momentos o lógicas de la reproducción de los capitales, las que en conjunto orientan las estrategias reproductivas (conjunto de dispositivos socializadores) y determinan los procesos de territorialización y estos a su vez la metamorfosis (sociales, económicas, políticas, físicas, paisajísticas, simbólicas) de las ciudades y lo urbano en general.

Las lógicas fueron consideradas por muchos desde adentro y fuera de la tradición marxista.[15] Nos limitaremos a señalar solamente los más importantes a los fines de comprender el desarrollo tendencial del capitalfeudalismo urbano por sus implicancias en los procesos de territorialización:[16]

 

·         La lógica de la apropiación y acumulación de plusvalía (necesidad estructural) social mediante el trabajo asalariado o mediante formas de sustitución es la condición originaria (Derechos de las empresas capitalistas y derechos de los trabajadores).

·         La lógica de la competencia interna y externa (otredades sociales difusas), la cual ha sido considerada históricamente como la fuente permanente de innovaciones tecnológicas, sociales y urbanas. Pero también de la violencia social y urbana en general.

·         La lógica de la reproducción ampliada mercantil  y no mercantil (la lógica de la acumulación originaria), sustentada en las relaciones entre ganancia, plusvalía, capital constante, capital variable, capital fijo y capital circulante.

·         La lógica de las ventajas comparativas y competitivas, basadas en la reingeniería total, lo cual implica la ingeniería “interna” y las reingenierías o, en rigor, geopolíticas multiescalares (territorialidades y territorializaciones) de internalización privada de ganancias y las externalización socializada de costo de producción, mediante complejos sistemas de intervención sobre las normas ambientales y territoriales de la tasa de ganancia, la tasa de plusvalía, la tasas de rendimiento del capital constante, variable, fijo y circulante. Esta lógica explica la cuestión de la “2ª. Contradicción del capitalismo destacada por los economistas políticos (O’Connors, 1991).[17]

·         La lógica de la concentración estratégica de recursos. Las empresas solo concentran los críticos, es decir los que contrarrestan la impredictibilidad o descontrol de los mercados (fetichismo mercantil) y refuerzan su competitividad territorial.

·         La lógica de la fijación territorial de ganancias y plusganancias (C. Topalov, 1973 y 1979); D. Harvey).

·         La lógica del “tercer corte de la crisis” (D. Harvey), fuente de la expansión de las relaciones imperialistas en sus formatos tradicionales, pero también con el formato de las territorialidades borrosas, difusas y complejas.

·         La lógica de la centralización consiste en “concentrar concentraciones de capitales (Marx) mediante el establecimiento de una multiplicidad de redes técnicas y sociales, territorializaciones y dispositivos urbanos acordes. Esta lógica es la que explica los procesos micros y macros, locales, regionales, nacionales, internacionales y trasnacionales de “verticalización” y “horizontalización” de la reproducción ampliada, es decir, por utilizar el lenguaje típico del mundo empresarial, la definición de estrategias corporativas globales.[18]

·         La lógica de la subordinación y reproducción de los modos de producción no capitalistas residuales y emergentes.

·         La lógica de la feudalización de las relaciones capitalistas, las que configuran, a nuestro criterio un cuarto corte de la teoría de la crisis de acumulación capitalista.

g) Estrategias reproductivas,  territorializaciones y clasificación urbana. El cuarto corte a la teoría de la crisis de la acumulación capitalista.

El conjunto de lógicas enunciadas se combinan en las definiciones estratégicas individuales, pero también en las luchas y movimientos sociales de clasificación y, consecuentemente, en la clasificación de los dispositivos urbanos.

La especificidad de los agentes y las particularidades de clase y aspiraciones definen los diferentes tipos o perfiles de estrategias reproductivas, las que podrán oscilar dentro de un amplio círculo (¿o circo?) el juego de competencias y oposiciones individuales o colectivas.

El carácter feudal de la socialización y socialidad neoliberal involucra a todas ellas. Sin embargo las que asignan primariamente los rasgos más específicamente feudales  son las lógicas del don, confianza, violencia y protección. Las tres forman parte de la cultura normal de las corporaciones, de las mafias y del clientelismo político. Explican también algunos procesos de fijación territorial capitalista de rentas y plusganancias.

Sobre este punto convendría revisitar y “superar” las nociones de espacio vital y sentido del espacio que nos legara F. Ratzel, mediante su transposición a todos los agentes y todas las instancia escalares de los agentes: desde los territorios de la vida cotidiana, hasta los territorios geopolíticos transnacionales, pasando por las escalas intermedias. A tal efecto, proponemos en otros trabajos las nociones de “territorialidad orgánica” y “sentido territorial”. La primera se refiere a los requerimientos territoriales de los agentes a los fines de sobrellevar su reproducción simple y ampliada. La segunda denota las territorialidades posibles e imaginadas, es decir las tendencias que darán lugar al movimiento incesante de las transformaciones sociales, geográficas, territoriales y urbanas.

El carácter complejo de “lo urbano” radica en la relativa impredecibilidad de las formas de resolución de la inconmensurabilidad de combinaciones de sentidos territoriales, la cual es directamente proporcional a la multiplicidad de “clases de agentes”, a las distancias sociales relativas y a la mayor o menor descentralización decisoria.

La paulatina feudalización capitalista de la urbanización, entroncada con lo que hemos propuesto denominar cuarto corte de la teoría a la teoría de la crisis de acumulación,  es una respuesta orgánica del capital para mitigar la impredecibilidad del “todo urbano estructurado” mediante una extensa trama de dominios territoriales parcelarios de los dispositivos urbanos indispensable para la producción y reproducción de su socialización ampliada. El proceso de concentración y centralización territoriales (horizontalizando y verticalizando) es estructuralmente siniestro. No obstante, tal carácter está ocultado debajo de la modernización de la epidermis de los paisajes y territorialidades relativamente exclusivos y excluyentes, tanto más cuando mayor es su distancia con los “anocronismos urbanos” y la relativa ineficiencia de las viejas urbanizaciones.

h) Metamorfosis geográficas y territoriales

El tema de las metamorfosis geográficas y territoriales de los procesos de urbanización combinan de manera desigual, combinada, contradictoria y complejamente el conjunto de lógicas enunciadas. Sobre el tema hay abundante literatura, destacándose las que enfatizan el análisis de las transformaciones paisajísticas de las ciudades. Por tal motivo solamente enumeraremos las que consideramos más importantes.

 

·         La totalización social y planetaria de la urbanización, a la cual H. Lefebvre denominó “urbanización total” (Urbanización urbi et orbi). Hablamos de “rurbano” o de “nueva ruralidad”. Ya no es real la metáfora de “lo urbano como archipiélado” emergente o sobrepuesto a la naturaleza como fondo. Más bien sucede lo contrario: la naturaleza se presenta como un archipiélago emergente en los cada vez más escasos intersticios de las urbanizaciones. La naturaleza es hoy un recurso escaso, cuando no absolutamente inexistente en los paisajes. Las relaciones de apropiación (o valorización) penetran y sobredeterminan, directa o indirectamente, todas las formas de la naturaleza.[19]

·         La segmentación, especialización y abstracción de las “calles” (H. Lefebvre), que se superponen diferencialmente y son condición de posibilidad de los procesos diferenciales de territorialización (corredores con y sin peaje, rápidos y lentos, peatonales y vehiculares, públicos y privados, transporte de personas y de bienes, etc.)

·         La expansión cultural y urbana (expansión espacial y temporal). El mundo no es más pequeño. El mundo es objetiva y subjetivamente más pequeño en algunos aspectos y más grande o en otros.

·         La complejización y abstración espacio-temporal. Es correlato del anterior. Hay una multiplicidad de espacios y tiempos distinguibles por las formas tecnológicas y los agentes involucrados en su producción y uso. Por lo tanto se superponen segmentos espacio-temporales en los que se han comprimido (D. Harvey) y en otros se han  expandidos. Sin embargo el rasgo más sobresaliente radica en la densificación y compactación diferencial de los lugares (más o menos densos, más o menos compactos).[20]

·         El incremento relativo de la incertidumbre derivada de la compactación (especialización y solidaridad) de las partes y los procesos de urbanización, tal como se observa en la relativa fragilidad de las autopistas y los dispositivos urbanos de las socialización y socialidad más posmodernos (piquetes, terrorismo urbano, puestos de control, etc.).

·         La creciente privatización de “la calle”(mercantilización y privatización de los servicios y equipamientos colectivos, concesiones viales).

·         Los cerramientos funcionales (habitacionales, servicios, parques industriales).

·         La proliferación paisajística de la heráldica, blasones y pancartas empresariales, claro indicio de las guerras de movimiento y posición locales y globales que libran las gerencias estratégicas para conquistar territorios geográficos y sociales.

El conjunto de lógicas, estrategias y guerras de movimientos y posiciones (Gramsci) son actualmente dominadas por el neoliberalismo y se objetivan en formas de feudalización emergentes de la vida social en general y urbana en particular. Las soluciones contrahegemónicas deberán revisar sus propias lógicas, adecuándolas a las lógicas de la feudalización capitalista.

El desafío y supervivencia de la democratización con más o menos socialismo radica en el desarrollo u orientación inverso del conjunto de lógicas. Nos queda la duda sobre la cuestión de la legalidad o ilegalidad, por un lado, y por otro la cuestión, el uso e implicancias de la violencia, el terror y el miedo.

3. “Del laberinto de la soledad al espacio de la solidaridad”[21]

“Quién apunta a la Luna con su arco, seguramente no la alcanzará, pero su flecha llegará mas lejos que la de aquél que apunta al reflejo de la Luna sobre un charco” (Proverbio hindú).

¿Hay alternativas diferentes a la urbanización que reproduce la cultura  neoliberal desde sus lógicas infraestructurales? Y si las hay: ¿cuáles son las formas y caminos de construcción infra y supraestructural? ¿cuáles son las socializaciones, socialidades y urbanizaciones que puedan contrarrestar la urbanización feudalcapitalista? ¿es posible, además de contrarrestar o mitigar, dar lugar a formas de desarrollo contrahegemónicas basadas en la equidad, justicia y solidaridad? ¿son éstas las preguntas claves?

 Creemos que son claves si nuestra intención no es construir una metafísica de los fenómenos urbanos descolgada de la historia...y de la geografía. También somos optimistas en relación a la primera, aunque la física social contemporánea, neoliberal-posmoderna se empeña en hacernos vacilar o, lisa y llanamente, a coaccionarnos para “cambiar de mano”.

Nos gustaría, por lo tanto, compartir algunas reflexiones, incertidumbres y puntos de vista en relación a las alternativas posibles. Las preguntas involucran reflexionar sobre la articulación entre “los territorios reales, los territorios pensados y los territorios posibles” (H. Bozzano, 2000), dentro de un horizonte “geohistórico”, en el que los registros y tensiones de las contradicciones de la geografía de la cotidianidad nos indican claramente que la historia no concluye con y en el neoliberalismo capitalista.

En primer lugar nuestra posición preepistemológica. Si los escenarios de la praxis política estuviera poblado únicamente por el campo de la izquierda y la derecha, diría que la posición social y epistemológica de las preguntas, lo que Hobsbawn (1983) denomina “Fragestellung,[22] se inscriben en el horizonte heterogéneo de la primera, a pesar de las sobresaturaciones de significados, único rasgo que comparte con sus antónimos: la derecha y el neoliberalismo. A pesar de la dispersión e incluso difuminación de significados y de ciertos usos clasificatorios procedentes del  neoliberalismo y las “terceras vías”, sostenemos que el término seguirá teniendo sentido lógico e histórico, aún cuando, parafraseando a Marx, nos tocará hacer la historia en circunstancias que no elegiremos. El tiempo verbal me parece correcto, al tiempo que la referencia a Marx denota también un topos regional dentro del amplio campo de la izquierda. Lo dicho ratifica el carácter “crítico-conservador-de-izquierda” propuesto al principio del texto.

En ningún momento de las investigaciones nos propusimos analizar el “estado de la cuestión” en general y menos aún preguntarnos como mejorar la funcionalidad urbana y orgánica del capital.  Si analizamos las alternativas de la urbanización capitalista y sus tendencia hacia la profundización de sus rasgos feudales fue como condición necesaria, “cuasi natural” (como situación histórica dada) para descubrir en su realidad (y también en lo que aún no es) las alternativas de su superación. Partir de lo socialmente-dado-en-la-urbanización para descubrir  en los trayectos y proyectos reproductivos el modo como se combinan y “encarnan” en actores y agencias las dos tendencias contradictorias y visualizar la posibilidad de redireccionar la reproducción social sobre horizontes en los que la individualidad puede coexistir con una socialización y socialidad que supere la tensión entre ambos momentos, buscando caminos y atajos que permitan pasar “del laberinto de la soledad al espacio de la solidaridad”, tan sencilla y claramente formulado por la consigna del X Encuentro de Geógrafos de América Latina.[23]

En relación a la alineación, en general y de Argentina,  suele repetirse en que “el reloj de la izquierda está muy atrasado” (E. Grüner, 1991) al momento de comprender y operar en los nuevos escenarios, entre ellos los relativos a la urbanización y la metamorfosis de las ciudades, que monta y desmonta con inusitada velocidad y dramatismo las redes socializadoras de la cultura neoliberal, tan crucialmente persistente en esto que solemos llamar “cultura del capitalismo tardío”, “barbarie civilizatoria tardo-capitalista”, posmodernidad, hipermodernidad, mundialización, globalización o, fiel a su esencia más o menos manifiesta u oculta, neoliberalismo, “capitalismo salvaje”, “capitalismo bárbaro” y feudal-capitalismo.[24]

¿Qué nombre corresponde asignar al horizonte alternativo contrahegemónico, antineoliberal? Y antes:¿es necesario ponerle un nombre? Sin duda: es necesario, tanto como ponerle un nombre al lugar que vivimos y a nosotros mismos, para transformarnos en una “identidad de sentido y acción”, pero fundamentalmente para eludir el conformismo de la retotalización de La Nada (J.P. Sartre) a la cual nos invita cotidianamente el modo de producción simbólico del nuevo modelo de acumulación con sus espejismos y permanente disolución de sentidos, al ritmo y propósitos de la incesante preservación y renovación de su propio Ser en la historia, a la par de declararle la muerte al porvenir autodenominándose el “fin de la historia”. Fin, no tanto porque el tiempo se detenga, sino a modo de último propósito o finalidad de todo lo que le precede.[25]

Es necesario también para poner límites, “porque si bien es cierto que al final siempre triunfa la muerte, no es tanto el (previsible final) lo que importa, sino cómo llegamos a él: podemos someternos al vacío mucho antes de que él nos reclame, y eso es lo que quisieran introducirnos los poderes que hacen de la cultura un resorte cada vez más fundamental de su dominación por vía de la banalización, de la ‘naturalización’ de lo existente que es en última instancia el núcleo de la política posmoderna” (E. Grüner, 1991, p. 10).

Dada las implicancias con la socialización y socialidad nada más lógico que “socialismo”. La noción de socialismo es, diríamos, contrahegemónica por lógica, naturaleza y derecho histórico, es decir, porqué está “encarnado”.

Sin embargo, así como el liberalismo y el neoliberalismo son términos sobresaturados de significados al punto de “no decir nada de tanto que dice” (¿“significantes vacíos”?),[26] el socialismo también se multiplica en una diversidad de significados, algunos de los cuales se expresan asociados a otros significantes también cargados de historia y saturados de significaciones: socialismo científico, socialismo revolucionario, socialismo marxista,  socialismo anarquista, socialismo cristiano, socialismo democrático, socialismo nacional y, no por casualidad, nacionalsocialismo. Todas son designaciones que pretenden “superar” (en el sentido hegeliano) los vacíos (¿?) del “socialismo” a secas, llenándolos y combinándolos con los contenidos de otras expresiones, resultado del juego social (histórico) de oposiciones, pero sin que el sentido originario sustancial o esencial desaparezca: el énfasis en la condición social de la existencia de las “personas” y, en tal perspectiva, el reconocimiento de una socialización y socialidad libre, justa, equitativa e igualitaria. La metamorfosis de la multiplicación muestra, más que su vaciamiento, su necesidad y contenido social y vigencia histórica.

¿Cuáles son las alternativas de construcción socialista de la urbanización?

Una primera reflexión se refiere a la posibilidad de extender y profundizar el socialismo dentro del (o en coexistencia con) capitalfeudalismo urbano, de manera similar a la fase del cristianismo antes de su colonización romana o al surgimiento del capitalismo en el seno del feudalismo. En tal sentido, algunos afirman que hay “lugar para todos bajo el sol”.[27]

Sin embargo las condiciones actuales de la urbanización capitalista dejan pocos intersticios territoriales para la cultura de las catacumbas o “undergraund” fuera de las formas de la “exclusión” sistémica, y es demasiado resistente para compartir sus territorios con otras formas de socialización y socialidad. En su origen y crecimiento, el mundo de las mercancías fue notoriamente funcional al feudalismo, aunque a la larga las territorializaciones basadas en la propiedad de la tierra fueron colonizadas por las territorializaciones mercantiles sustentadas en la propiedad del capital. Si antes la propiedad de la tierra determinaba las formas de territorialización de las sociedades, ahora es la propiedad de capital la que determina las nuevas formas de territorialización. Y en el sentido dialecticamente inverso: si antes las formas de las territorialidades de las sociedades feudales sustentaban y determinaban la propiedad de la tierra, ahora son las formas de las territorialidades de las sociedades capitalistas las que sustentan y determinan la propiedad del capital. La tierra se ha transformado en capital y el capital en territorios.

El origen, maduración y hegemonía del capitalismo difiere significativamente del origen, maduración y posibilidades de hegemonía moderno del socialismo. En primer lugar porqué su origen moderno es coincidente con el surgimiento de las revoluciones burguesas (urbanas) y las versiones liberales de los estados (urbanos). En segundo lugar porqué la maduración del socialismo se fue dando como resultado de la extensión y profundización de la socialización capitalista. El capitalismo es el resultado de su propia socialización, al tiempo que produce las condiciones de Ser-otro expresado en el imaginario socialista.

Las posibilidades de ensanchar y profundizar la territorialidad socialista se basa, si nuestros análisis son correctos, en el redireccionamiento de la urbanización a partir de la reconquista popular de “la calle”. No es casual que el “modo de producción simbólico” y material tienda a confinar a las personas, reteniéndolas seducidas o  cretinizadas por un mundo de imágenes de formas de vida y consumo que desfilan virtualmente en las pantallas de los televisores y los monitores, en la intimidad de cierto tipo de oikos (casa) individualistas (su casa), es decir, reducida a un dominio que solo afirma la pertenencia ilusoria a la clase de los poseedores. La urbanización feudalcapitalista es un inmenso dispositivo productor de “muchedumbre”, de autómatas. Se basa en la reproducción de “conductas de agregado”, en ligar amontonando, es decir, evitando transformar la muchedumbre en agente y agencia histórica.

Creemos entonces, que la urbanización socialista, debería reconquistar con una nueva socialidad o cultura la calle, transformándola en el medio para redefinir la socialización y socialidad de los lugares, de los oikos en el sentido de los griegos, en una pespectiva multiescalar, contraponiendo a la magnitud de la lógica del valor del capital, la magnitud de la lógica de la solidaridad social en una perspectiva mundializada, acorde con la urbanización global de la formación mundial.

La riqueza, se dice, está en pocas manos, mientras que la circulación está en la de muchos. El enredo, desigual y combinado, replantea “aggiornadamente” la dialéctica entre la servidumbre y el señorío. Los derechos de propiedad de los dispositivos urbanos está en las manos de poco y cada vez menos, mientras que la tenencia y el control directo está en las de muchos, aunque, si se consideran los “excluidos” de la muchedumbre en la que se insertan, paulatina y relativamente sean menos.

El análisis social de las ciudades, en especial las grandes conurbaciones, metrópolis, megalópolis o las ciudades primaciales regionales y provinciales, revela que son cada vez menos los incluidos en el reparto de la plusvalía social o “beneficios” de la reproducción ampliada del capital, directa o mediada por el empleo estatal o las redistribuciones de las políticas sociales, y cada vez más los excluidos de sus “beneficios” en términos absolutos o con formas notoriamente precarizadas derivadas, se dice, de la “flexibilización” de las relaciones salariales impuesta por la lógica fetichizada del “nuevo orden internacional”.

La proporcionalidad entre incluidos y excluidos dentro de las ciudades, sedes por excelencia de la política, genera muchas dificultades a la hora de pensar la profundización contrahegemónica en base al formato ortodoxo de la “lucha de clases” y la caracterización del Estado capitalista como instrumento exclusivo al servicio del capital (C. Offe, 1990; E. Laclau, 1996; J. Villarreal, 1996). Esta característica de la “posmodernidad” urbana, en especial en urbanizaciones similares a la de Buenos Aires, con el 23  % de desocupados y subocupados, el 40 % de la población por debajo de la línea de la pobreza y 15 % de indigentes (INDEC, 2004), determina formas de la agencia política centrada más en la atención de las condiciones de reproducción de la vida cotidiana (vivienda, educación, salud, calidad de vida en general) de los “excluidos”, que en las relaciones salariales estructurales de la distribución, sean capitalistas o estatales.

Los asalariados, enfrentados a una realidad social y urbana que amenaza con excluirlos, se enfrentan a su vez a los excluidos, quebrando en consecuencia las posibilidades de reconstrucción de bloques locales contrahegemónicos. En Argentina los juegos de exclusión recíprocos se evidencian con claridad en la imposibilidad de articular las organizaciones gremiales típicamente urbanas con las organizaciones “piqueteras” y de ambas, juntas o por separado, con “el resto” de la sociedad.

El ensanchamiento de la exclusión en “la calle”, tal como lo consideramos, además de implicar la ghettización inversa de los sectores medios y alto en la diversidad de barrios o condominios cerrados, se revela como un factor de presión y amenaza territorial sobre la esfera de la circulación de todo el sistema.

Aquí convendrá tener presente que si bien la compactación urbana del mundo es orgánica al neoliberalismo y a la cadena de valor de la feudalización capitalista, en tanto condición de la concentración y centralización, también constituye su talón de Aquiles debido a la dispersión amenazante de los excluidos que, en el marco de la reproducción democrática, no pueden confinarse en ghettos sin mediar procesos de relativa autoexclusión.

Se advierten, entonces, notorias dificultades para sostener el funcionamiento social dentro de los marco de la democracia en sociedades en las que la “calle” se puebla de excluidos y los incluidos se recluyen en los centros comerciales y de servicios, barrios cerrados, barrios vigilados y parques industriales por efecto de la obliteración de la interdependencia entre residencia, consumo y producción. Pero también se advierten “muros” en las urbanizaciones que impiden la ampliación socializadora del campo contrahegemónico. Cuando se habla de “muros”, se habla de materialidades de interdicción similares al efecto de los vidrios polarizados, de barreras urbanas físicas,  pero también podemos hablar de las construcciones simbólicas, de los universos de representaciones que obliteran la “in-formación” y la “formación” (en sentido aristotélico) indispensable para la construcción de agentes y agencias históricas con capacidad para derribar los “muros” de la percepción y los consensos neoliberales de la vida social.[28]

A tal efecto el análisis urbano revela la relativa eficacia del trabajo que opera sobre la socialización y socialidad desde lo local hacia lo global (D. Harvey), mediante paulatinas expansiones escalares de la socialización. No hay atajos entre lo local y lo global, en la medida en que la distancia entre las élites del poder y la “muchedumbre” se agranda en un sentido estructural y se acorta, a pesar de los muros, en el sentido estrictamente urbano. La socialización de las élites es el reverso de la socialización de la muchedumbre, envueltas y “en-redadas” por y en las calles de la contradictoria interdependencia social.

Llegado a este punto, y habida cuenta de los avances científicos sobre la cuestión urbana que hemos inventariado  y analizado en nuestras investigaciones, nos resta concluir, parafraseando aquella célebre tesis sobre Ludwig Feuerbach, que hay mucho conocimiento disponible, y que la principal deuda radica en como transformarla siguiendo una dirección contraria al capitalismo feudal urbano impulsado por las sucesivas olas neoliberales.

En tal sentido habrá que recuperar plenamente la noción griega de praxis, obliterada por la coacción neoliberal que nos fuerza a los automatismos y a adoptar los esquemas productivistas en el mundo académico. Plenamente, en tanto es imposible cartografiar la realidad urbana en clave contrahegemónica si no reeducamos la conjugación de nuestros deseos a la par de los procesos emancipatorios que transforman paulatinamente la muchedumbre de las calles en agencia histórica. La perspectiva, creemos, implica la cartografía tanto de las fallas, vacíos o perversidades visibles y ocultas del capitalismo y del neoliberalismo, como sus lados buenos, es decir, aquellas cosas de la urbanización total que deberíamos incluir en los mapas en los que se trazan los itinerarios de ampliación socializada de los “nuevos espacios de esperanza” (F. Jameson, 1991 y D. Harvey, 2000).

Referencias bibliográficas.

Los temas son tratados por una lista interminable de autores, muchos de los cuales, como en cualquier producción social, fueron y son, siguiendo la distinción que propone J. Ibañez, fuentes de inspiración. En esta categoría de fuentes destaco en primer lugar los autores clásicos de la tradición socialista y anarquista, con los cuales no tengo en todo una relación de plena coincidencia, pero también a sus contradestinatarios liberales y neoliberales, por poner en evidencia las formas de enmascaramiento de sus propias prácticas. En segundo lugar a aquellos que en la actualidad siguen sosteniendo la posibilidad de construcción de una sociedad diferente, poniendo de relieve la superficie y profundidad de las contradicciones y despejando caminos o descubriendo atajos. En tercer lugar la diversidad de trabajos presentados en los seis Coloquios Internacionales de Geocrítica iniciados en 1999 y los Seminarios Nacionales de Geografía Urbana (Brasil) iniciados en 1988, que nos abrieron el horizonte con las reflexiones y la fenomenología de una gran cantidad de casos empírico. Los lectores sabrán percibir tales fuentes, de las cuales una gran cantidad, con seguridad,  no leímos aún, y de otras, con los años y la falta de registros, hemos olvidado las referencias de inventario. Pedimos disculpas por anticipado a ambos grupos.

Sin embargo nuestra principal fuente de inspiración radica en la geografía vivida en las “calles” (en el sentido de H. Lefebvre) de la socialización y socialidad, con todas sus contradicciones. En dicha geografía estamos particularmente en deuda con los sentimientos y reflexiones indocumentados de los compañeros, compañeras, colegas y alumnos con los que compartimos día a día trayectos y proyectos.[29]

 

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[1] Recordemos: en alguna parte Marx dijo que “los hombres hacen la historia en circunstancias que no eligen”. En un comic alguna vez leí “nos corren, pero nunca para dónde queremos ir”.

[2] Expresión similar de la expresión “conservador de izquierda” propuesta por E. Grüner (2002).  Pretendo destacar la pertenencia a una tradición sin que implique la afirmación del tradicionalismo. Aunque las expresiones son diferentes, ambos compartimos la misma idea.

[3] Aquí estamos invirtiendo la situación de la modernidad en el sentido de que las relaciones sociales anacrónicas premodernas limitan el desarrollo del capitalismo, expresada por Marx al decir  que “no sólo padecemos a causa de los vivos, sino tambén de los muertos. ¡Le mort saisin le vif! [¡El muerto atrapa al vivo!] (Marx, “Prólogo” a la primera edición de El Capital, 1867). Volvemos sobre el tema.

[4] Muchas telenovelas las expresan, tal como la reciente “El dueño de la vereda”. La serie televisiva “Dallas” es otra. En la mayoría el carácter feudal deriva de las jerarquías patrimoniales. El cine también es fuente de ilustraciones, en películas como “Padre patrone” [“Padre padrón”] y “El Padrino”.

[5] En Argentina la Ley 12.696 de 1941 (Ley de La Carta) establece el monopolio de la cartografía al Instituto Geográfico Militar (IGM). En los “allanamientos” docimiciliarios durante las dictaduras militares se prestaba particular atención al descubrimiento de materiales cartográficos, en especial las hojas topográficas editadas por el IGM.

[6] Título del libro de M. Margulis y otros (1994). La cultura de las “pintadas” y “graffiti” es un tema pendiente.

[7] Una exploración inmediata en internet realizada recientemente arrojó los siguientes resultados: (63) referencias de capitalismo feudal, (21) feudalismo capitalista, (1) feudalización capitalista. La consulta con historiadores, urbanistas y sociólogos no arrojo ninguna pista sobre las expresiones. Entre los consultados destacamos a I. Wallerstein y D. Harvey

[8] Sobre la cuestión de la dialéctica y el desarrollo desigual, combinado, contradictorio y complejo nos extendemos en Di Cione (2003a, 2005) y en otros artículos disponibles en http://www.vdc.geoamerica.org/.

[9] Nos situamos en la perspectiva de D. Harvey (1982) al considerar las resoluciones de las crisis de acumulación del capitalismo. El “primer corte” son las devaluaciones del capital. El “segundo corte” radica en las concentraciones y devaluaciones financieras. “El “tercer corte” a los desplazamientos geopolíticos de las crisis. Nosotros proponemos que la feudalización de la socialización es el “cuarto corte” a la crisis de acumulación del capital.

[10] El tema fue tratado por numerosos autores, entre los cuales destacamos W. Benjamin, McLuhan, Baudrillard y Eco. El texto de Baudrillard (1993) fue el que pivoteó la atención criítica sobre el tema en las últimas décadas.

[11] La articulación entre ambas fue tematizada recientemente con motivo de los intercambios entre el actual Papa Ratizinger y J. Habermas.

[12] En la jerga porteña de Buenos Aires suele decirse “tener la precisa” o “tener la posta”.

[13] Es conveniente distinguir los casos claramente encuadrable en las diferentes figuras del reconocimiento, de los casos de corrupción institucionales que por su envergadura y modos de operar corresponden caracterizarlos como “negociados”. Estos casos son típicas formas de ganancias y acumulaciones por desposesión o despojo.

[14] En Argentina contribuyeron a legitimar parcialmente los proyectos de deslocalización de la administración nacional durante los comienzos de la democratización (1983-86), hasta que fueran finalmente archivados.

[15] Remitimos particularmente a las obras de la sociología urbana crítica francesa (M. Castells, C. Topalov, J. Lokjine), la geografía critica anglosajona (D. Massey, D. Harvey y los de la escuela regulacionista (Boyer, Saillard, Lipietz, Coriat).

[16] Sobre el tema nos extendemos en Di Cione (2003b y 2003c) disponibles en www.vdc.geoamerica.org/

[17] DI CIONE, V., 2003b, “Aportes críticos para una geopolítica ambiental del capitalismo”, Disponible en www.geobaires.geoamerica.org/vdc/aportesgeopolambientalcapital.pdf ]

[18] Tal es el título de un seminario que se desarrolla en una universidad privada de Buenos Aires especializada en cooptar y capacitar “dirigentes de negocios”.

[19] Entedemos aquí  “naturaleza” a la “primera naturaleza” tales como las reservas, espacios verdes, parques naturales y regiones con escasa o nula actividad antrópica.

[20] Los autos compactos es la mejor imagen del concepto de compactación: la carrocería cumple la función de chasis. La compactación alude a la mayor solidaridad orgánica o dependencia mutuas entre los lugares. El problema en un lugar repercute instantáneamente en los otros lugares.

[21] Consigna de la convocatoria del X Encuentro de Geógrafos de América Latina (San Pablo, 20 al 25 de marzo de 2005).

[22] Del alemán Frage, pregunta y stellung, posición o colocación en relación a un problema o algo, fue propuesto por Hobsbawn (1983) para sintetizar el universo de anclaje de la perspectiva historiográfica, es decir, la posición social y epistemológica de sus interrogantes.

[23] San Pablo, marzo de 2005.

[24] Dialéctica mediante, cada significante remite desde las esencialidades de sus propias formas a los otros, razón por la cual habría que inventar un nuevo significante. Jameson (1984, 1991), atento a las imposiciones de los vientos estructuralistas y posestructuralistas prefirió, con reservas, el término “posmodernidad”, en consonancia con la importancia de época de la crítica de J-F Lyotard (1979)  para referirse a la “tercera fase” del desarrollo del capitalismo. Nosotros, tal como hemos argumentados, sugerimos transversalmente  las expresiones “feudal-capitalismo urbano” y “capital-feudalismo”, pero siempre dentro de la “flecha del tiempo-histórico” tan excelentemente interpretada por la noción hegeliana de “superación”. En la medida en que esta en juego el avance en el horizonte de la sucesivas superaciones, también habría que agregar términos como “sobremodernización” o “metamodernización”. Hay muchos significantes posibles. La cuestión radica en los acuerdos y desacuerdos de los contenidos individualizadores, entre ellos el problema, para algunos, de las discontinuidades que habilitarían pensar que estamos en otra formación social radicalmente diferente.

[25] Aquí reflexionamos parafraseando a J.P.Sartre, El Ser y la nada (1943),  F. Jameson (1991) y E. Grüner (1991).

[26] Expresión propuesta y tematizada por E. Laclau (1996).

[27] Es la posición sostenida por J. Holloway, quién concluye, refiriéndose al zapatismo, que no es necesario disputar el poder global capitalista.

[28] El tema de los cerramientos o encerramientos es abordando intensamente en la últma década, por científicos, urbanistas, operadores inmobiliarios y politicólogos. Pueden consultarse los trabajos citados en la bibliografía de, Michael Janoschka (2002), Rodrigo Hidalgo Dattwyler (2005), Gabriel Alvarez (2005),  

[29] En la interminable lista de compañeras destaco a Marta Alicia Pesenti, antropóloga, por los muchos trayectos compartidos (y discutidos) y por su enorme sensibilidad y agudeza en el análisis de la socialidad de la vida cotidiana. Sin su mirada y reflexiones, con frecuencia notoriamente perturbadoras por su radicalidad y persistencia, muchas esencialidades cotidianas del capitalfeudalismo no hubieran sido destacadas y analizadas.

 

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